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jueves, 21 de febrero de 2013

Sesión número 6, sobre la tristeza. 20.02.2013.

¿Es posible hablar del sentimiento de tristeza y pasarlo bien al mismo tiempo?
¡En Filosofía a la de tres, sí!
























La sexta sesión de Filosofía a la de tres la hemos dedicado a pensar sobre cómo nos ponemos las personas cuando estamos tristes (los signos de la tristeza), por qué nos ponemos tristes las personas (los motivos de la tristeza) y qué cosas pueden ayudar a veces a que nos dejemos de sentir tristes (los posibles antídotos contra la tristeza). Y por el camino, hemos dicho cosas muy interesantes, hemos pensado un poco, hemos hecho unos dibujos fantásticos y nos hemos reído bastante también.

Después del experimento de la última sesión (hacerla por la tarde), decidimos probar de nuevo por la tarde, pero empezando un poco antes, para que diera tiempo a que la sesión acabara naturalmente y evitar que hubiera que correr o acabar la sesión precipitadamente por falta de tiempo. Creo que ha sido un acierto empezar un poco antes, aunque es verdad que por las mañanas la capacidad de concentración es significativamente mayor. Seguiremos sopesando pros y contras de hacerlo por la mañana o de hacerlo por la tarde. 

Fecha: 20 de febrero, 2013
Lugar: CEIP Estados Unidos de América - Huarte de San Juan
Clase: 3 años (con Pilar Lara Arribas)

¿Quiénes estuvimos? 
Estuve yo (Ellen)
Pilar (la profesora)
Lola (el loro)
Tito (el perro)
y los siguientes niños y niñas: 
Iván
Adrián González
Adrían Mansilla
Iain
Alba Torres
Alba Martín
Eduard
Aitana
Andy
Leonardo
Pablo
Christian
Esther
Leyre
Victoria

OBJETIVO DE LA SESIÓN:
El principal objetivo general de esta sexta sesión ha sido animarles a una mayor comunicación y participación, para que empiecen a asumir la actividad como algo que les pertenece a ellos y que "hacen" ellos, en lugar de algo que vienen a contarles o explicarles.

Como en todas las demás sesiones, otros objetivos generales han sido seguir reforzando la estructura de las sesiones y los hábitos de hablar con voz alta y clara, escuchar atentamente a los demás, expresar acuerdo o desacuerdopensar dar razones

El objetivo específico de la sesión ha sido conseguir que hablemos sobre los signos de la tristeza, los posibles motivos de la tristeza y sobre los posibles antídotos contra la tristeza. 

¿Qué nos pasa cuando nos ponemos tristes? ¿Cómo podemos saber que alguien esta triste? 
¿Qué cosas nos ponen tristes? 
¿Qué cosas pueden ayudarnos a salir de la tristeza o a cambiar de humor?  


CONTENIDO DE LA SESIÓN: 
Sentados en círculo, con el baúl de filosofía en el centro, nos hemos saludado todos. Hemos preguntado si estábamos todos y hemos dicho que sí. Y sin embargo, yo echaba a algunos en falta. ¿Dónde estaban nuestras mascotas, Tito y Lola?

¿Alguien les había visto desde la última sesión de Filosofía a la de tres? Todos han dicho que no, menos Esther, que ha dicho que ella sí que los había visto andando por su casa. Entonces Leyre ha dicho que también habían aparecido por su casa algún que otro día y Adrián Mansilla ha dicho que también. Así que hemos descubierto que Tito y Lola se dan paseos muy interesantes entre sesión y sesión de filosofía a la de tres. ¡Menudos pillos!

Me han entrado ganas de saludarles y me he dispuesto a meter la mano en el baúl. Después de las últimas veces, con los mordiscos y picotazos que me llevé, he metido la mano con mucho pero muuuucho cuidado. He rebuscado lentamente por delante, por detrás, al fondo. ¡Pero no he encontrado nada! ¡Nada de nada! ¿Dónde se habían metido estos dos? De repente sentí algo, un trozo de papel o algo. Lo atrapé y lo saqué. ¿Un pañuelo? ¿Qué hace un pañuelo en el baúl de la filosofía? A todos nos ha parecido un verdadero misterio. 

Nos hemos preguntado por qué estaría allí el pañuelo. ¿Para qué sirven los pañuelos normalmente? Para limpiarse lo mocos, ha dicho Iain. Para limpiarse las manos, ha dicho Alba Martín. Para limpiarse el culete, ha dicho Leonardo. Pues sí, para todas esas cosas. Iain ha dicho que un pañuelo también puede servir para atarse el pelo. Y yo he dicho que otra cosa para la que yo utilizo a veces un pañuelo es para secarme las lágrimas después de llorar. ¡Aaah! Sí, han estado de acuerdo, pero seguíamos sin entender qué hacía el pañuelo en el baúl de la filosofía.  

Decidimos investigar un poco más. ¿Se habían marchado Tito y Lola? No parecían estar en el baúl. Entonces oímos el lloriqueo lastimero de un perro. Penoso y triste, triste, triste. Auuuu, auuuuuu. ¿Quién era? ¡EsTito! He echado un vistazo y he visto a Tito acurrucado en un rincón. "No quiero salir", ha dicho. A ver qué le pasa. Le he sacado con cariño y se ha puesto a llorar desconsoladamente. ¿Qué le pasaba a Tito? ¿Por qué lloraba? "Porque se le caen los mocos", ha dicho Leyre. Lo hemos comprobado pero no había ni rastro de mocos. "Porque no quiere salir", ha dicho Alba Martín. Pero enseguida Tito nos lo ha aclarado. Nos ha contado que estaba llorando porque nos echaba de menos y había estado muy aburrido encerrado dos semanas en el baúl de la filosofía. Pobrecito. Nos ha dado mucha pena. ¿Y Lola? Lola ha salido con más facilidad y ha saludado con su característica voz de loro: ¡Hola! ¡Hola!. "¡Hola, Lola!", hemos dicho todos. Pero después de saludar nos ha contado que ella también ha llorado mucho mucho mucho estas dos semanas. "Todo el tiempo llorando. Estaba triste. uuuuh uuuuh, qué triste estaba, qué triste estaba." Les hemos tranquilizado un poco y les hemos preguntado si se sentían mejor. Tito nos ha dicho que ya estaba más contento porque estaba con nosotros y tenía ganas de hacer filosofía. Entonces les hemos secado las lágrimas con el pañuelo que había en el baúl. Misterio resuelto: ¡para eso era el pañuelo! 

Entonces Alba Torres ha preguntado qué más había en el baúl. He metido la mano, he rebuscado y ¡he sacado un cuento! Un cuento sobre un búho que se hace un té... ¡con agua de lágrimas! Y luego he vuelto a meter la mano y he sacado ¡otro libro! El título del segundo libro era Pedro es una pizza, que trata de... un niño al que convierten en pizza. Lo que oís. En pizza. Nos hemos reído solo de pensarlo. 

Y hemos empezado. ¡Filosofía a la de una! ¡Filosofía a la de dos! ¡Filosofía a la de tres!

Antes de leer los cuentos hemos mirado una foto en la pantalla digital de un niño en cuclillas que se tapaba la cara con gesto triste. Nos hemos preguntado qué podía pasarle al niño. Y hemos tratado de hacer una lista con todas las ideas que se nos ocurrían. Leyre ha dicho que cree que está llorando. ¿Y por qué podía estar llorando? Pues por ejemplo, porque se había dado un golpe contra la pared. Otra persona ha dicho que cree que está llorando porque iba a hacer caca. Hemos preguntado si ir a hacer caca provoca el llanto o la tristeza y casi todos hemos dicho que en realidad no. Entonces hemos descartado la hipótesis. Se puede haber dado un golpe contra la pared. Adrián González ha aportado otra posibilidad: puede que la luz estuviera apagada y la puerta cerrada y se ha dado. Al golpe, hemos añadido un elemento de miedo. Victoria ha sugerido que puede que se haya encontrado con un lobo. Y Alba Martín ha propuesto que a lo mejor tiene miedo de la oscuridad.  

Entonces Victoria ha dicho que la foto le recuerda al personaje de Guillermo, del libro Hay un oso en el cuarto oscuro que leímos unas sesiones atrás. Para los que no os acordéis, podéis escucharlo aquí:
Victoria piensa que el niño de la foto llora porque tiene miedo, puede que de un oso. Leonardo ha dicho que él piensa, como Leyre, que llora porque se ha dado un golpe en la frente. Victoria ha insistido en la posibilidad de que haya visto un lobo, y que al igual que a los tres cerditos les da miedo el lobo, a éste niño también. Iain ha variado un poco esta teoría y ha dicho que puede que haya visto un Grúfalo (es el personaje de un cuento). Alba Martín ha propuesto que quizás esté llorando porque se ha perdido. Leyre ha añadido otra posibilidad más a la teoría del miedo: "con una bruja también se asustaría".

Entonces Leonardo ha repetido su teoría de que se ha dado un golpe y llora porque le duele. Y Leyre ha saltado un poco indignada: "eso lo he dicho yo". Hemos preguntado si las ideas se pueden compartir y hemos estado de acuerdo en que sí. Que cuando se comparten ideas es que se está de acuerdo. Entonces Leonardo está de acuerdo con Leyre. Los dos piensan que el niño llora porque se ha dado un golpe.

Adrián Mansilla se suma a la hipótesis de Leyre y Leonardo: "se ha dado un golpe en la cabeza, o a lo mejor se ha dado un golpe en la nariz, también.

Luego hemos preguntado si el niño podría estar también llorando por que alguien le ha quitado un juguete. Nos ha parecido una posibilidad bastante factible también. Hemos levantado la mano los que lloramos cuando nos quitan un juguete y hemos sido unos cuantos. Entonces Leyre ha contado que por la mañana Iván le había quitado el maletín de médico y que ella lloró.

Hemos aprovechado para preguntar si alguien más quería contar una historia sobre una ocasión en la que lloraron. Victoria nos ha contado a todos que cuando era pequeña lloraba en el zoo, porque había tigres, monos, elefantes y leones. Dice que le sigue haciendo llorar el zoo. Entonces hemos preguntado si llora por tristeza o por miedo. Lo ha pensado un poco y luego ha dicho que cree que es por miedo. Adrián Mansilla nos contó que de pequeño se cayó de cabeza y lloró mucho. Leonardo nos contó que se cayó de culo y le dolió.  

Alba Martín nos ha contado que un día cuando "sólo tenía tres años" se perdió y lloró y su papá la encontró. Dice que cuando le encontró dejó de llorar.

Esther nos contó que cuando era un poco más pequeña se cayó en el suelo -"catapúm" y se hizo daño en la frente y lloró mucho. Luego Leyre nos ha contado que cuando era más pequeña se fue corriendo por el suelo y se cayó y se dio en la frente y lloró pero le llevaron al médico y la curaron. Luego Iain levantó la mano pero cuando le pregunté se puso un poco tímido y no quiso hablar, así que pasamos a Christian, que nos contó que una vez se cayó también.

Yo he contado que a veces me siento triste cuando me enfado. Me pone triste cuando me enfado. Les he preguntado si a ellos también les pasa. "Un poquito", han dicho.

Esther anunció que le gustaba más estar apoyada en la pared. Entonces hemos acordado que primero leeríamos los cuentos y luego podíamos ir a sentarnos.  

Entonces hemos leído el primer cuento de la tarde: Té de lágrimas, de Arnold Lobel, sobre un búho que se hace un té de agua de lágrimas. Las lágrimas se las provoca pensando en cosas tristes. Mientras esperábamos a algunos que habían ido al baño hemos preguntado a quién le gusta el té y todos hemos dicho que nada nada. ¡Puaj! Pilar ha dicho que ella lo ha probado alguna vez y que le gusta el té. Victoria ha dicho que lo escupió cuando lo probó porque le dio asco. Alba Torres ha dicho que a ella no le gusta té. Cuando ya estábamos todos (algunos habíamos aprovechado para ir al baño), empezamos el cuento.

Podéis escucharlo de nuevo aquí:  


Hemos aplaudido al final del cuento.

Y enseguida me han pedido el otro cuento. Así que hemos decidido leerlo y después pensar y hablar de la tristeza en los dos cuentos.

El segundo libro se llama Pedro es una pizza, de William Steig. Antes de leerlo les he explicado que trata de un niño que se llama Pedro y se convierte en pizza. Hemos preguntado si alguien conoce a algún niño que sea una pizza y nadie conocía a ninguno, pero a algunos nos gustaría conocer a uno para ver cómo era. Y entonces lo hemos  leído.
Podéis escucharlo aquí:


Y podéis leerlo aquí:


Hemos dicho que al principio Pedro está triste y hemos preguntado qué hace su padre para que deje de estar triste. Leyre ha explicado que le convierte en una pizza con quesito: "a mi me gusta el quesito", ha añadido.

El papá de Pedro consigue que cambie de humor y que deje de estar triste jugando con él. ¿Qué otras formas se nos ocurren para ayudar a alguien que está triste para que deje de serlo? Iain ha dicho que una forma que se le ocurre es convertirlos en pasteles. Alba Torres ha pensado que convertirle en macarrones, podría funcionar también. O también en espaguetis, ha dicho Adrián Mansilla.

Victoria ha preguntado si hay más cuentos y los demás han empezado a tumbarse en la colchoneta y rodar un poco. Hemos intentado volver a sentarnos todos otra vez. Pilar tiene un método muy bueno. Todos se dan la mano, hacen un círculo y ¡PLAM!.

Hemos intentado hacer dos listas: cosas que nos ponen tristes y otras que nos levantan de la tristeza.

Nuestro amigo Tito ha dicho que a él le pone triste un hueso con tomate porque no le gusta el tomate. Le pone triste cuando le ponen una comida que no le gusta.

Leyre ha dicho que le pone triste darse un golpe en la pared.

Hemos preguntado si a veces nos ponemos triste con nuestros amigos. Christian ha dicho que su amigo es  Adrián Mansilla.

Adrián González ha dicho que Adrián Mansilla también es su amigo.

Con la vuelta a la postura acostada en la colchoneta de la mayoría de los niños, hemos decidido que la sesión de charla había llegado a su fin natural.

Así que nos hemos ido a las mesas y hemos acabado con un dibujo. Hemos dibujado a alguien triste y a alguien contento. En realidad, cada uno podía hacer lo que quisiera. Antes de dibujar, hemos practicado todos y hemos puesto cara de tristes y cara de contentos. Lo hemos pasado genial. Y hemos hablado de otras señales físicas, aparte de la sonrisa o de las lágrimas, de que alguien está contento o triste. Por ejemplo, por lo general las personas tristes parece que están más caídas, "que pesan más", ha dicho alguien. Fantástica imagen.

Yo he hecho un dibujo también. Victoria me ha pedido que le ponga unas piernas al niño, y unas sandalias y yo he accedido con gusto.

Adrián me ha enseñado su boca recta "como una carretera" (ni contento ni triste).

Al final de este post, podéis visitar una exposición virtual muy bonita de los dibujos que hemos hecho. Creo que falta alguno, porque algunos lo guardaron antes de que me diera tiempo a recogerlos. Pero en los próximos días subiremos los dos que faltan.

Hemos acabado con una segunda lectura de Pedro es una pizza. 

Lo hemos pasado genial y a pesar de la modorra propia de la tarde, hemos hablado y participado muy bien. Hemos visto que las lágrimas nos las pueden provocan muchos sentimientos diferentes además de la tristeza, como por ejemplo el dolor, el miedo o el enfado. Hemos visto que a veces la tristeza nos la puede levantar el juego o las cosquillas. Y que a distintas personas les ponen tristes distintas cosas (a Búho, en el cuento, le pone triste, por ejemplo, la idea de que un lápiz sea demasiado corto para escribir). ¿A ti te pone triste eso?

A mí un poco. Entiendo a Búho. Pero también entiendo que a todo el mundo no tiene por qué ponerle triste eso, ni un plato con puré de patatas que alguien no se ha querido comer.

Una de las cosas que más me ha gustado de esta sesión es que ha habido un poco menos de "contagio" en las respuestas que en las sesiones anteriores. Realmente se han esforzado por momentos en decir algo distinto a lo que dijo la persona anterior, en decir algo "suyo".

Nunca pensé que hablar de la tristeza podía resultar tan placentero. Ha sido todo un gusto oír lo que tenían que contar sobre la tristeza y sobre sus tristezas.

Estoy deseando que llegue la próximo sesión para saber lo que tienen que decir y pensar sobre normas y autoridad. ¿Quién manda? ¿Quién pone las normas?

Hasta entonces, ¡filosofía a la de una! ¡filosofía a la de dos! ¡filosofía a la de tres!

NOTA: El cuento de Té de lágrimas está incluído en el libro Búho en casa, de Arnold Lobel, editado en castellano por Ekaré. Podéis encontrarlo en este enlace o pedirlo en cualquier librería infantil. El cuento de Pedro es una pizza de William Steig está descatalogado en español, pero podéis leerlo arriba.

Exposición virtual de sonrisas y lágrimas de la clase de tres años del colegio Estados Unidos de América y Huarte de San Juan:

Contenta, de Alba Torres

Contenta y triste, de Iain



Triste y contenta, de Andy


Triste y contenta, de Aitana

Contentas, de Esther

Triste y contenta, de Victoria

Contento y enfadado, de Adrián G

Triste y contento de Eduard

Papá triste y Mamá contenta, de Alba Martín

Triste, contenta y marciana (a la izquierda), de Leyre

Papá contento, de Adrián M

Triste y contenta, de Leonardo

Triste y contento, de Pablo

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